¿Cómo es ello?
Bien, el Acta Constitutiva como lo que dispone el Código Civil entre otras normas que se podrían citar son la base de lo que pueden o no hacer los órganos. Ahí se mencionan facultades, derechos y obligaciones, reglas, procedimientos etc.
Todo ello implica que se tenga una cultura de la legalidad respetándose la normativa que se tiene y que se han dado para sí mismos.
Lo que sucede es que siempre hay un grupo de personas que las ignoran, no les dan importancia, las transgreden e incluso ni siquiera les interesa conocerlas.
La multitud de personas asistentes en un evento así llega a ser extenuante y muchas veces no propicio para un diálogo, sobre todo porque no faltan personas que no quieren que se conozca el Derecho.
Algunas expresiones que he escuchado son: "Eso no importa, nosotros veremos cómo lo hacemos" O incluso se atribuyen facultades para hacer cosas sin que la normativa se los permita.
No sólo en las Asambleas.
En el día a día la falta de la cultura de la legalidad se ve en muchos hechos: Quienes sacan a su mascota y dejan desechos, los ruidosos, los que construyen a su manera violando normativa, los que estacionan sus autos donde quieren, los que sacan a sus perros- en ocasiones agresivos- con correas que se extienden a tantos metros que no solo ocupan su espacio vital sino toda la calle, los que pagan al final para ir a quejarse, los que siempre protestan en informes y nunca quieren ser parte de los órganos colegiados...
¿Cómo mejorar ello?
Ese es el reto. Educar el respeto a la legalidad. Una cultura de la legalidad que se construya comunitariamente. Dar ese paso es uno de los escalones que pueden ayudar a la sana convivencia y diálogo en base a unos criterios que se han dado las personas: sus propias normativas. Ignorarlas, descalificarlas y violentarlas seguirá provocando discusiones acaloradas y conflictos persistentes.

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